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Mostrando entradas de octubre, 2020

Historia de amor

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  El se sentía muy estremecido. Sus pupilas se dilataban cuando la miraba. El tocaba su piel, sus labios, su cabello. Bajo la luz de la luna se amaron los dos, de esa forma que solo el alma puede entender; de esa forma en la cual solo las sombras negras que sus moléculas generaban bastaba. No se amaron con sus cuerpos, sino con el corazón. Ángel la amaba, el solo deseaba que ella estuviera a su lado. Que yacieran juntos aquella noche templada cubierta de neblina.  El también deseaba que ambos se encendieran cual estrellas cuando llegara la luz del sol.

Carta a algún lector

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"En el interior de las personas puedo ver si me dicen la verdad, si el o ella está siendo sincero consigo mismo, y al mismo tiempo, conmigo. Todo forma parte de una realidad muy gráfica la cual, plasmada en el exterior de las cosas, toma forma al momento de verla directo a los ojos. Estoy despierto y ahora todos mis pensamientos se crean, me duermo otra vez y todos ellos se disipan como nubes en el cielo de mi alma.   Me gusta cuando vuelo a través de lo oscuro de mis pensamientos, como un ave durante la noche estrellada... Ese pájaro que busca su lugar favorito para permanecer unido a los suyos. En este caso yo soy esa ave que no es normal, la que tiene como objetivo principal el asemejarse tanto a Dios, que pueda tener a la sabiduría como cama donde yacer en el momento en el que se aproxima la penumbra nocturna de la vida. Hay puentes que nos unen, mi bien amado mundo: son tus preciadas personas que son como perlas sumergidas en el mar; tu alma, como la atmósfera, y tus sentidos...

Un día oscuro

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Era una mañana caliente bajo la luz radiante del sol, y fría dentro de la casa de Ángel. El estaba sentado sobre una silla de madera, contemplando el cielo desde su ventana, el cual estaba cubierto de nubes grises. Ellas estaban amontonadas en grupos divididos por espacios muy cortos, y en el transcurso de unos segundos, se juntaban para formar figuras sublimes solo dignas de la apreciación de un ser humano solitario y sensible, que amaba la naturaleza sin ningún motivo alguno, porque nadie le imponía como una obligación el hecho de observarla y adorarla.  El se levantó de la silla en la cual meditaba cada mañana junto al cielo, su fiel amigo, y se dirigió a la puerta que daba a la calle. Allí veía a la gente pasar felizmente en sus autos, dirigiéndose a lugares que no son eternos, y que emanan honores y desprenden enormes sombras de placer, que ocultan todo un manto de dolor y paz que son tan propios del ser humano. Ellos no aparentaban, esas personas simplemente no podían evitar ...